Toni Ponce, la eclosión de un nadador de récords cocinado a fuego lento

Su gran rendimiento en plena madurez le ha convertido en un referente mundial de la natación. Ha sido campeón del mundo y de Europa, y ahora busca completar su palmarés con una medalla en los Juegos Paralímpicos de Tokio.

El nadador español Toni Ponce durante una competición en 100 braza. Fuente: CPE

Cada vez que se sienta sobre el poyete de la piscina, Toni Ponce repite el mismo ritual: acaricia el tatuaje con el nombre de su madre que cubre parte de su pecho y hombro izquierdo. Hace 13 años María Rosa falleció de cáncer y su última charla fue una lección que quedó grabada a fuego en su hijo. “Me dijo que hiciera siempre lo que quisiera y que luchase por mis sueños, que la vida hay que aprovecharla al máximo”, confiesa. Cambió el chip, dejó a un lado el sedentarismo en el que se había refugiado y regresó a la natación. Su eclosión fue cocinada a fuego lento, pero el catalán llegó a la élite para ser campeón mundial y europeo. Ahora busca una medalla en los Juegos Paralímpicos. En Tokio quiere apuntar al cielo y dedicarle a su ‘ángel de la guarda’ el éxito que le falta.

Sus primeras brazadas llegaron con seis años por recomendación médica. Sufre paraparepsia espástica bilateral, es degenerativa y viene causada por un gen mutado que puede afectarle a todo el cuerpo, aunque donde tiene más limitaciones es en las piernas. “De pequeño tenía muchos dolores, iba todas las noches a dormir a la cama de mis padres, lo pasé mal. Me caía muy rápido, me costaba subir un escalón de una acera. Me cansaba al andar y no podía correr”, explica Ponce, que continuó haciendo vida como un “niño normal”.

Nunca se sintió diferente al resto gracias al entorno en el que creció, “jamás me sobreprotegieron. De hecho, un año quise jugar al fútbol, sabía que no podía hacerlo como los demás, pero insistí e iba al colegio los viernes por la tarde a entrenar, no jugaba partidos, pero yo era feliz con eso”. Sin embargo, la natación era la actividad menos agresiva para su cuerpo, donde más podía mover las piernas. Ingresó en un club convencional, se le daba bien, pero a los 14 años colgó el bañador y el gorro por una mala experiencia.

“Hubo una competición interna y los entrenadores me veían con buen nivel, me vendieron la moto y allí me lancé. Quedé último ante chicos sin discapacidad, pero eso me afectó psicológicamente. Siempre he sido muy competitivo y nunca me gustó dar pena. Pensé que no valía para ello”, rememora. Dejó el deporte y estudió Fisioterapia. Hasta que, en 2012, viendo por televisión los Juegos Paralímpicos de Londres, volvió a picarle el gusanillo. “Físicamente estaba mal, con dolencia en las piernas por el sobrepeso, llegué a pesar 112 kilos. Aquello me animó, vi a gente con una situación similar a la mía, me empapé bien y decidí volver”, comenta el deportista de Vilafranca del Penedès (Barcelona).

Cambio de categoría, clave en su ascensión

En 2014 se puso en manos de Jaume Marcé, que ha moldeado su figura hasta convertirlo en uno de los referentes de la natación paralímpica. “Con los años mejora, es un nadador disciplinado, trabajador y con los objetivos muy claros. En el agua se transforma y da la sensación de que puede conseguir más cada temporada”, subraya su entrenador en el CAR de San Cugat. Toni rompió el cascarón en el Europeo de Eindhoven, donde ganó el bronce en el 4×100 estilos, su primera presea internacional. En 2015 acudió a su primer Mundial en Glasgow y en 2016 cumplió el sueño de estar en los Juegos Paralímpicos de Río.

Tras ello le bajaron a categoría S6 porque se produjo una degeneración más progresiva de su enfermedad. Apenas podía andar y decidió acudir a la silla de ruedas para desplazarse. “Al principio competía en S7 ante rivales con mucha más palanca. No tenía un informe médico detallado sobre mi discapacidad y me pusieron en una clase superior, pero eso me ayudó a entrenar de forma exigente y ahora me ha permitido estar entre los mejores en mi nueva categoría. Cada año intento superarme y buscar el límite”, comenta el deportista, una viva demostración de que es posible explotar en plena madurez.

Ese cambio le benefició, aunque su neurólogo le aconsejó aparcar el deporte de élite por el estrés que le mete al cuerpo en cada sesión. “Cuanta más caña le doy, la enfermedad evoluciona más rápido, pero prefería seguir. Continuaré hasta que vea que no puedo dar un buen servicio en mi clínica como fisioterapeuta, de momento no me planteo dejar nada porque puedo trabajar de pie”, apunta Ponce, un nadador capaz de ofrecer un gran rendimiento conforme pasan los años.

En 2017 ganó un oro en 100 braza, una plata en 100 espalda y un bronce en 400 libre en el Mundial de México. En el Europeo de Dublín 2018 se colgó dos oros y dos bronces, en el Mundial de Londres en 2019 sacó una plata y dos bronces, y en el campeonato continental de mayo en Funchal (Portugal) se llevó siete preseas: un oro, tres platas y tres bronces. Todo ello aderezado con récords del mundo en 50 braza (40.74), 100 braza (1:25.46), 200 braza SB5 (3:09.06) y 200 estilos SM5 (2:48.02). “Hay mucho sacrificio detrás para llegar arriba. Me levanto cada día a las 6.30 de la mañana, viajo en coche hasta Barcelona para entrenar, luego regreso a Vilafranca para trabajar. Soy muy cuadriculado y cuido muchos detalles, como la alimentación o el descanso, soy estricto con la dieta y con las horas de sueño, a las 21.30 estoy metido en la cama”, asevera.

Llega lanzado a los Juegos de Tokio, con un punto más de madurez y dispuesto a dar guerra. “La faena está saliendo gracias al equipo multidisciplinar que tengo detrás. He trabajado duro con mi entrenador, con el psicólogo, con el nutricionista y con el biomecánico Andreu Roig, rascando alguna décima al crono y estudiando cómo nadan o dónde fallan los rivales para ser más competitivo. De momento, todo pinta bien. Voy con una presión justa porque parto de dos diplomas en Río de Janeiro. Espero ganar medallas, pero no quiero colgármelas antes de tiempo”, explica Ponce, cuyas pruebas principales son el 100 braza, los 200 estilos y el 200 libre.

“En la braza pelearé con el ruso -Andrei Granichka-, que está muy fuerte, pero le gané en el Europeo y eso me da mucha confianza. Y también hay que tener en cuenta al chino -Junsheng Li-, del que no tenemos información, van de tapados, así que habrá que partirse la cara y luchar para ser el mejor. En estilos, el italiano -Francesco Bocciardo- está un escalón por encima, mientras que en 200 libre voy segundo en el ranking y en 100 libre cuarto, intentaré mejorar mis marcas y dar lo máximo para estar en las medallas, es lo único que me falta en mi carrera”, añade.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Toni Ponce

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