Tokio abraza los Juegos Paralímpicos de la resiliencia

La capital japonesa reaviva la llama de la superación y la convivencia en una ceremonia comedida, detallista y emotiva. La animada delegación española desfila con Ricardo Ten y Michelle Alonso como abanderados.

Michelle Alonso y Ricardo Ten encabezan el desfile de los integrantes de la expedición española. Fuente: CPE

57 años después, Tokio vuelve a abrazar unos Juegos Paralímpicos. Los más extraños de la historia, tras un ciclo de cinco años, los de 2020, aunque en 2021. Despegan los Juegos de la pandemia, pero también los de la entereza, la resiliencia y la ilusión de unos deportistas obligados a reinventarse para continuar con una preparación que se vio interrumpida por la Covid-19, la inesperada invitada que zarandeó al mundo. Tras meses de confinamientos, incertidumbre, vacunas, miedos a nuevas cepas, casi 4,5 millones de fallecidos y más de 212 millones de infectados, los atletas pudieron desfilar y difundir un mensaje de esperanza en el futuro. Es la particular victoria del deporte.

En una noche cerrada en la capital japonesa, la inauguración reafirmó el gran esfuerzo invertido por los organizadores para celebrar el evento. Bajo el lema ‘Tenemos alas’, la ceremonia fue comedida, detallista y emotiva, aunque sin algarabía ni fiesta ni aplausos en los 68.000 asientos sin alma que reflejan el azote del coronavirus que tantas vidas ha cercenado. En las tribunas, solo los periodistas, las cámaras de televisión y varios centenares de invitados, encabezados por el emperador Naruhito y por el presidente del Comité Paralímpico Internacional, Andrew Parsons.

El nuevo Estadio Nacional de Kengo Kuma, levantado sobre la base del de 1964 y cuya estructura está revestida con la madera de las 47 prefecturas de Japón, reavivó la llama de la superación y la convivencia. El acto alzó el telón con una cuenta regresiva para ver los primeros fuegos artificiales desde la cubierta del estadio. Se izó la bandera japonesa, custodiada por seis deportistas locales, y la cantautora ciega Hirari Sato interpretó el himno ‘Kimi ga yo’ (El reino de su majestad imperial).

La llegada de tres gigantescos globos rojos, verdes y azules que se transformaron en los tres Agitos, símbolo de los Juegos Paralímpicos, dio paso a las 162 delegaciones, las cuales desfilaron en el orden del alfabeto japonés, a excepción del Equipo Paralímpico de Refugiados que salió en primer lugar. Uno de ellos era el nadador Abbas Karimi, la única cara afgana en estos Juegos ya que su país no tendrá representantes pese a que iban a participar el taekwondista Zakia Khudadadi y el atleta Hossain Rasouli. Eso sí, la bandera de Afganistán estuvo presente por solidaridad y homenaje al pueblo que está sufriendo las consecuencias de la llegada al poder del régimen talibán.

Inmortalizando el momento con fotos, parapetados con mascarillas y manteniendo la distancia social, muchos de los 4.500 deportistas que competirán se vistieron con sus variadas y coloridas indumentarias. Entre ellos, los cinco países que debutan en unos Juegos Paralímpicos: Bután, Granada, Maldivas, Paraguay y San Vicente y las Granadinas. Algunas delegaciones desplegaban su entusiasmo y felicidad entre cánticos, otras ondeaban banderitas y saludaban a una grada desangelada. Como novedad, los nombres de todos los integrantes de cada país salían reflejados en las pantallas del primer anillo del estadio.

Michelle Alonso y Ricardo Ten, abanderados

En el puesto 72 asomó el concurrido y animado equipo español, el más bullicioso, con gran parte de los deportistas que participarán y buscarán superar las 31 medallas de Río de Janeiro 2016. Al frente, Michelle Alonso y Ricardo Ten, por primera vez dos abanderados, novedad en pos de la igualdad. Los dos con medallas paralímpicas en la piscina. La canaria luce dos oros en 100 braza S14 en Londres 2012 y en Río 2016 y va a por el tercero. El valenciano tiene tres oros, una plata y tres bronces en cinco Juegos. En sus sextos debutará como ciclista y está en las quinielas de las preseas tanto en el velódromo como en la carretera.

Hubo ausencias destacadas, como la selección de ciclismo, concentrada en Izu, a más de 120 kilómetros de la capital. O la de los nadadores que compiten este miércoles y que apuntan a las primeras medallas: Toni Ponce, Jacobo Garrido, Miguel Luque, Luis Huerta o Núria Marquès. Los japoneses fueron los últimos en acceder al centro del estadio para cerrar la hora y cuarto que duró el desfile.

Una fina llovizna hizo acto de presencia en una pista que volvió a recobrar vida con una performance ejecutada por bailarines que simulaban ser aviones en un aeropuerto, con protagonismo de una niña que interpretaba a un pequeño aeroplano al que le faltaba un ala. El mensaje que venía a transmitir era que todos podemos volar, no importa en qué dirección sople el viento, siempre hay que buscar la forma de enfrentarlo para avanzar. Como hacen los paralímpicos, que, con arrojo, perseverancia y determinación despliegan sus alas para superar cualquier reto.

“Al reunir a miles de atletas de todo el mundo para unos Juegos seguros y protegidos, estamos mostrando la fuerza y la diversidad del espíritu humano y destacando que de la adversidad siempre debe surgir la esperanza. El cambio comienza con el deporte y, en los próximos días, las destacadas actuaciones de los paralímpicos romperán los estereotipos y demostrarán por qué las personas con discapacidad deben ser miembros activos, visibles y contribuyentes de una sociedad global. Queremos utilizar la plataforma de los Juegos para crear un cambio positivo que conduzca a una sociedad más inclusiva”, expresó Andrew Parsons en su discurso.

Con el izado de la bandera paralímpica y el juramento de los atletas que resalta la igualdad y la inclusión, de las entrañas del estadio emergieron las llamas de tres antorchas empuñadas por Masahiko Takeuchi, jugador de tenis de mesa de la edición de 1964, por la nadadora Mayumi Narita y por el esquiador Kuniko Obinata, que se la pasaron a varios sanitarios de la ciudad. La tenista Yui Kamiji, el jugador de boccia Shunsuke Uchida y el haltera Karin Morisaki fueron los últimos relevistas. Tras subir una escalinata coronada por un sol que se fue abriendo como una flor que encarna vitalidad y esperanza, el pebetero se iluminó. ‘The show must go on’.

 

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