Sara Andrés, la atleta biónica que vuela más allá de los límites

La madrileña, que perdió sus piernas en un accidente de tráfico hace 10 años, está entre las mejores del mundo en 100 metros lisos y en salto de longitud. En Tokio vivirá sus segundos Juegos Paralímpicos.

La atleta madrileña Sara Andrés durante un campeonato. Fuente: CPE

‘Prefiero no tener pies y saber a dónde voy, que tenerlos y estar perdida’. Es el mantra que lleva tatuado en sus adentros Sara Andrés Barrio desde que sufrió una doble amputación por debajo de las rodillas tras un accidente de tráfico en 2011. “Lo vi como una segunda oportunidad, ahora disfruto más de las cosas importantes. Y me encanta mostrar mis piernas de robot para que la gente lo vea como algo normal”, afirma la atleta que vuela más allá de los límites.

Con tenacidad y rezumando felicidad reconstruyó su vida bajo el paraguas del atletismo. Fue medallista de bronce en el Mundial de Londres 2017 y diploma en los Juegos Paralímpicos de Río 2016. Este año está firmando una buena temporada tras lograr un récord del mundo en 200 metros T62 (28.30 segundos) y un bronce europeo en 100 metros. Ahora ambiciona asaltar el podio en Tokio. “Quiero pensar a lo grande, así que voy a ir a por una medalla», sostiene.

No todo ha sido un camino de rosas para esta profesora de Educación Primaria. Pasó por tres operaciones para que cerraran bien los muñones, estuvo mes y medio ingresada en el hospital y nueve meses postrada en silla de ruedas. “Estaba sedada y al despertarme recuerdo que tenía a mi padre y a mi hermano junto a la cama y sus ojos ya me decían que algo iba mal. Cuando levanté la manta y vi que me faltaban mis pies no me lo podía creer, fue un shock. Pensé que no volvería a andar y estuve con tratamiento psicológico, pero entendí que mi nueva situación era mejor que estar muerta. Empecé a ver el lado positivo, a valorar lo que tenía y no lo que había perdido”, explica.

La madrileña tuvo que resetear y empezar desde cero hasta volver a caminar. “Me ponía pequeños retos y cuando me vi otra vez de pie lloré de emoción, al principio me sentía como un bebé cuando da sus primeros pasos, andaba con el culo para fuera. Ahora, mis amigos me llaman ‘la mujer biónica’, por la serie de televisión de los años 70, la protagonista era rubia y profesora, como yo”, relata entre risas. Precisamente, el humor y las risas han sido claves para superar los momentos más amargos. “Sonrío mucho más y me río de mí misma, es una terapia indispensable para aceptar lo que me pasó. Por ejemplo, suelo decir que ya no me huelen los pies o que me oxido cuando llueve”, bromea.

El atletismo, su motor

Su carácter irreductible y afán de superación le hicieron seguir adelante y emprendió todas las aventuras posibles: practicó surf, ciclismo, tenis en silla, hípica o paracaidismo. Pero lo que más le llenó fue el atletismo. “Cuando comencé a correr me sentí ágil, libre, fuerte y poderosa. Aunque los inicios fueron duros, las piernas me dolían mucho y sufría. Conocí a Carlos Llanos, mi entrenador, y él me ayudó a prepararme, le debo mucho. Desde entonces, me siento viva en una pista”, asegura. Pese a su bisoñez sobre el tartán logró clasificarse para los Juegos de Río de Janeiro, un sueño que casi se vio truncado por un cáncer de tiroides que le fue diagnosticado.

“Estuve seis meses sin entrenar, creí que no llegaba, pero tras tanto sufrimiento hice la marca mínima. Estar en Brasil fue un regalo, uno de los momentos más maravillosos que he vivido”, rememora. Y poco después le llegó un tercer golpe, un cáncer de piel que le detectaron antes del Mundial de Londres hace tres años: “¿Por qué otra vez a mí?, me pregunté. Cada obstáculo superado me ha dado más energía para disfrutar de la vida, así que tiré de positivismo una vez más”. Nada pudo frenar a Sara Andrés, que en la capital británica conquistó dos bronces.

En su peregrinaje hacia la cima volvió a toparse con otro muro. Las pruebas en las que había ganado medalla, 200 y 400 metros, no estarán en el programa de Tokio, así que tuvo que reinventarse de cara a los Juegos Paralímpicos, donde participará en 100 metros y en salto de longitud en T62 (dobles amputadas) ante rivales con solo una amputación (T64) o pie equino (T44). Pese a ello, en la prueba de velocidad fue quinta en el Mundial de Dubai en 2019 y bronce continental en Bydgoszcz (Polonia).

Hace unos meses impulsó una recogida de firmas para reivindicar que las atletas de su categoría puedan competir en igualdad de condiciones y también una revisión de la altura máxima permitida de las prótesis. De momento, sus peticiones han caído en saco: “Estamos en desventaja, no compensan la diferencia de medirnos a rivales con menor discapacidad. Y encima tengo otro hándicap, la altura. El IPC implementó una fórmula que fue elaborada por la doctora española Alicia Canda, a la cual tuve la suerte de conocer y me dijo que el error aplicado es el más restrictivo, no el estándar y, por tanto, a mí me perjudica porque en lugar de 1,60 metros tendría que medir 1,64 y con esos cuatro centímetros tendría más zancada y correría un metro más rápido en la prueba del 100, eso es una pasada, podría estar en medalla en los Juegos”, expone.

Pese a los inconvenientes con los que ha tenido que lidiar, Sara llega a la cita de Tokio cargada de optimismo y lanzada tras el bronce cosechado en el Europeo de Polonia. “Voy ilusionada, con más madurez y con mayor responsabilidad. En salto de longitud el objetivo es mejorar mi marca personal, que está en 5.21 metros. Apenas llevo un par de temporadas y un saltador requiere unos siete años para ofrecer un buen rendimiento, pero voy a darlo todo. Y en 100 metros he demostrado que puedo estar entre las mejores. Mis tiempos están mejorando y no me he estancado, eso sí, no puedo cometer ningún error si quiero estar en el podio. Tengo opciones y voy a pelear por las medallas”, agrega.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Sara Andrés

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