La reinvención con el remo de Enrique Floriano, un deportista nato

El pacense ganó nueve medallas paralímpicas como nadador y tras un tiempo retirado de la competición ha regresado para disputar sus quintos Juegos en una nueva modalidad.

Enrique Floriano, medallista paralímpico en natación, disputará en remo sus quintos Juegos.

En sus vitrinas luce nueve medallas paralímpicas, 40 mundiales y más de 30 europeas como nadador. Sin embargo, en ninguna de ellas experimentó la sensación tan especial que le dejó la clasificación para Tokio con el remo, modalidad con la que se ha reinventado y ha recuperado la ilusión por la competición. Enrique Floriano, un ejemplo de rebelión frente a las adversidades, se atrevió a soñar en un terreno desconocido y en apenas un año dando paladas estará navegando en sus quintos Juegos Paralímpicos con el cuatro con timonel mixto (PR3Mix4+).

La prometedora embarcación española asestó el ‘sorpasso’ en Gavirate (Italia) en el Preolímpico tras ser tercera ante países más experimentados, una posición que le granjeó una invitación para la cita en la capital japonesa. “En más de 15 años en la natación no había sentido esa alegría que viví en el pantalán junto a mis compañeros Jorge Pineda, Verónica Rodríguez, Pepi Benítez y Estíbaliz Armendáriz. Nadie apostaba un euro por nosotros, pero este equipo sabe competir y crecerse ante los retos, por más difíciles que sean”, recalca el extremeño, un estajanovista del esfuerzo y del trabajo, un deportista nato, metódico y apasionado.

Unas virtudes que ha ido regando desde pequeño. Con siete años se acercó al judo, pero en el tatami no cuajó. “En el colegio era víctima de bullying y quise probar este deporte, aunque seguía recibiendo palos por todos lados y lo dejé”, cuenta. La piscina llamó su atención cuando veía a su hermana Marta entrenar en el CN Badajoz y fue en el agua donde desplegó su talento y alcanzó la cima tras ganarlo todo. “El primer triunfo que tengo grabado a fuego fue cuando conseguí la mínima para ir a un campeonato de Extremadura con nueve años y me dieron un gorro blanco como premio”, rememora Floriano, que en 2011 se convirtió en el primer nadador con discapacidad en participar en un Campeonato de España absoluto.

“Me gané una plaza tras batir en Berlín el récord del mundo en 400 estilos SM12 y que aún sigue vigente. Estar con los mejores fue un orgullo, un gran hito para mí. Incluso llegué a liderar la prueba, pero la sobreexcitación y la inexperiencia me pasaron factura y no supe aguantar el ritmo”, relata Floriano, que a los 14 años le diagnosticaron distrofia de conos y malformación de la mácula. Aunque nunca ha contabilizado las preseas que ha ido coleccionando a lo largo de su carrera, sí tiene controladas las nueve que conquistó en los Juegos: dos oros, una plata y un bronce en Sídney 2000, una plata y dos bronces en Atenas 2004, una plata en Pekín 2008 y otra plata en Londres 2012.

“Todas tienen un gran valor, pero la que gané en China fue especial ya que sufrí un aneurisma cerebral pocos meses antes y tuvieron que operarme. La capacidad de resiliencia fue lo que me llevó a darle más importancia a la medalla. Fue una barrera que tuve que superar gracias a mi carácter competitivo, siempre sacaba esa garra y rabia cuando las fuerzas flaqueaban”, comenta. Colgó el bañador en 2012 pese a estar en un gran estado de forma, pero sus prioridades derivaron al mundo laboral. Luego probó otros deportes como la natación en aguas abiertas o el triatlón, que requería de una implicación de la cual no disponía por su trabajo.

Tras unos años de sequía tuvo un problema de corazón, sufrió una fibrilación auricular, así que en 2017 intentó reengancharse a la piscina y se quedó a tres décimas de la mínima para ir al Europeo de Dublín (Irlanda) en 2018. Otra vez lo dejó, pero la furia competitiva bullía en su interior, así que cuando a principios de 2020 le llegó la oportunidad de adentrarse en el remo, no se lo pensó. “Me he enamorado de este deporte. David Casinos me avisó de que habían convocado unos test de ergómetro para formar parte de la selección española. Gané la primera prueba y antes del confinamiento por el coronavirus hicimos otro test y también hice el mejor tiempo. En los tres meses en casa me preparé a tope y pude entrar en el equipo”, añade.

La Federación Española de Remo, con Juan Pablo Barcia y Txus Bermúdez como técnicos, se volcó en la creación de un bote de PR3Mix4+ con vistas a los Juegos de París 2024. “La primera toma de contacto fue en Laias (Ourense) con una yola, embarcación orientada al aprendizaje. En las siguientes concentraciones se vio una mejoría, la técnica era más fina, el puzle encajó y el rendimiento crecía. Y como somos cabezotas, le dijimos a los entrenadores que, si teníamos, aunque fuese una remota posibilidad de pelear por ir a Tokio, queríamos acudir a la clasificatoria de junio en Gavirate”, explica.

El pacense lo apostó todo por el proyecto y sin perder tiempo se machacó cada día en el lago de la Casa de Campo de Madrid y en el embalse de Pedrezuela junto a Clara Stefanelli, inseparable compañera en el club Madrid Velocidad. “Este año ganamos el campeonato de España en dobles mixto. Es internacional por Mónaco y gracias a su experiencia he mejorado y he aprendido mucho, sin su ayuda no habría llegado hasta aquí”, confiesa. Ese salto cualitativo lo aportó al cuatro con timonel español, que firmó una gesta en el Preolímpico de Italia tras vencer a países potentes como Alemania y Holanda.

En la repesca final, la ambición del grupo empujó más de lo que restaba la bisoñez. “Sabíamos que Brasil y Canadá estaban a años luz y que se llevarían los dos billetes disponibles. Así que nuestra opción para ir a Tokio pasaba por quedar terceros y esperar una invitación. Tuvimos una mala salida, pero supimos resolver el problema, cogimos a los alemanes en los 1.000 metros y cuando a falta de 500 metros la timonel, Estíbaliz, gritó que teníamos a los holandeses a tiro, parecíamos romper los remos en el agua de la energía con la que íbamos. Llegamos a meta extenuados, pero con el trabajo bien hecho, le hemos devuelto a la federación el trato excelente que nos han brindado”, subraya.

Floriano afronta ahora sus quintos Juegos Paralímpicos como un “novato más, con humildad, ilusión y con la idea de disfrutar cada segundo. En este equipo no tienen cabida los egos, remamos en una sola dirección, hay sinergia y empatía, nos conocemos muy bien pese a llevar poco tiempo juntos. Verónica es fortaleza mental, Pepi es constancia, Jorge es templanza y amor por este deporte y en mi caso, capacidad de concentración y motivación. No renunciamos a nada y lo podemos hacer muy bien porque no tenemos la presión de los favoritos. Somos ambiciosos y queremos entrar en la final. Y luego, seguir trabajando para optar a medallas en europeos, en mundiales y en París 2024”.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Enrique Floriano

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