Álex Sánchez Palomero, un constante resurgir de las cenizas

En Londres 2012 no le dejaron nadar de la forma que siempre lo había hecho y en Río 2016 su categoría en triatlón quedó fuera del programa. En Tokio volverá a pelear por una medalla en unos Juegos Paralímpicos.

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Álex Sánchez Palomero tras cruzar la meta en una competición internacional. Fuente: ITU

 

 

Hay personas que por más obstáculos que les ponga la vida, salen fortalecidos de las adversidades por su espíritu de superación. Con cada caída, Álex Sánchez Palomero volvía a resurgir de sus cenizas, como un ave Fénix permanente. En un accidente de tráfico perdió la movilidad del brazo derecho, pero se rebeló a través del deporte para cimentar una brillante carrera. Primero con la natación, en la que cosechó grandes éxitos, como un bronce en Pekín 2008. Y después, con el triatlón, disciplina con la que disputará en Tokio sus terceros Juegos Paralímpicos.

Con 17 años tuvo que enfrentarse al primer golpe. “Un hombre mayor cruzaba por donde no debía y para no atropellarle perdí el control de mi moto y me caí. El brazo no lo puedo mover desde entonces, no tengo flexibilidad ni sensibilidad. Nadie está preparado para afrontar una desgracia, pero me tocó tirar para adelante, lo acepté con resignación positiva”, recuerda el salmantino, que estaba preparándose para estudiar arquitectura, aunque su sueño era ser bombero.

La natación fue la fuente de donde manaron las ganas, el ánimo y la esperanza, “me aportó una serie de valores y aprendizajes que me convirtieron en una persona más fuerte y con recursos”. Empezó a competir, se marchó a Palma de Mallorca para entrenar y logró una plaza en los Juegos de Pekín, donde se llevó un bronce en los 100 metros braza. “Fue una experiencia brutal e inolvidable que acabó con una medalla. Me demostré a mí mismo que podía superarme, valía la pena tanto esfuerzo y sacrificio”, asevera.

Cuatro años después acudió a los Juegos de Londres, aunque esta vez las cosas no salieron como esperaba. “Un año antes cambiaron la normativa y me prohibieron nadar con el brazo dentro del bañador, como había hecho siempre. No me dieron ninguna alternativa, fue un palo muy duro, al llevarlo suelto no rendí al máximo nivel. Eso me afectó física y psicológicamente, veía que mi carrera deportiva se acababa”, confiesa. De hecho, dejó de nadar durante seis meses, pero una vez más sacó su capacidad de resiliencia y encontró en el triatlón una nueva motivación para levantarse.

El triatlón, una nueva oportunidad

“El deporte forma parte de mi vida y espero que no me abandone nunca. Lo retomé con la idea de volver a unos Juegos, el plan no era ir tan rápido en una modalidad nueva para mí, pero me adapté pronto. Al principio mis rivales parecían inalcanzables, aunque confiaba en mí”, dice. En 2015 despegó con buenos resultados y desde entonces ha sido tres veces subcampeón del mundo y dos de Europa, además de sumar numerosas medallas en Copa del Mundo y en Series Mundiales en clase PTS4.

Pero en 2016, otra vez se topó con una barrera. El sueño de repetir en unos Juegos Paralímpicos no pudo cumplirlo en Río de Janeiro ya que su categoría no formó parte del programa oficial. “Fue una decepción, tenía la ilusión de ir, estaba segundo del ranking mundial, pero lo llevé mejor de lo esperado porque había encontrado un deporte en el que me sentía feliz, no me rendí y sabía que iba a disponer de otra oportunidad”, recalca.

La tendrá en la capital japonesa, donde aterriza en su mejor momento. Este curso ha disputado dos pruebas, con un séptimo puesto en las Series Mundiales de Leeds -la primera vez que se queda sin podio- porque se le enredó el neopreno y perdió tiempo, y una plata en la Copa del Mundo de A Coruña: “El balance de la temporada es bueno, los resultados fueron diferentes, pero me considero mejor triatleta que el año pasado. En natación estoy bien, se puede mejorar algo, tener más fuerza o salir más rápido. En bici estoy dando pasos y mejorando el segmento, mientras que, corriendo, tras superar una lesión a principios de año estoy haciendo ritmos competitivos”.

Con la mochila cargada de confianza y con apetito voraz, quiere subir al podio y colgarle la presea a su hijo Bruno. “Me habría encantado que me acompañase. Le prometí que si ganaba una medalla le regalaba un perro y esa es la mayor presión que tengo encima -ríe-. Ojalá pueda celebrarlo con él y mostrarle que en la vida merece la pena esforzarse porque siempre obtienes recompensa. He disfrutado mucho del camino y pienso en saborear cada minuto allí y luchar por una medalla. Después de todo lo que he pasado, volver a unos Juegos es un regalo y un lujo”, matiza.

Aunque el metal dorado está caro porque el galo Alexis Hanquinquant está a un nivel descomunal, Sánchez Palomero, que figura como número dos del ranking mundial, sí está entre los favoritos para morder la plata o el bronce. “El francés está un peldaño por encima del resto, es invencible ahora mismo. Las otras dos medallas nos las jugaremos de tú a tú el chino (Jiachao Wang), los dos americanos (Jamie Brown y Eric Mcelvenny), el japonés (Hideki Uda), el británico (Michael Taylor) y yo. Ojalá me pueda llevar una”, apostilla el salmantino, un Fénix con una fuerza arrolladora a base de brazadas, pedaladas y zancadas.

TEST TOKIO 2020. Conociendo a Álex Sánchez Palomero

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